ChristianaCare

Diversidad e inclusión

ChristianaCare es un excelente lugar para trabajar en parte debido a la singularidad de nuestros empleados, voluntarios y profesionales de salud afiliados. Cada uno de nosotros aporta diariamente en el trabajo sus propias historias, características y habilidades.

Nuestros antecedentes y nuestras perspectivas individuales nos ayudan a brindar la mejor atención médica posible. Colectivamente, podemos ofrecer mejores servicios a nuestros pacientes con empatía, comprensión y respeto.

Esta cultura inclusiva ayuda a que todos tengan la oportunidad de participar y aceptar por completo su singularidad. En un ambiente de cambio constante, es importante fomentar la inclusión para propulsar la transformación en cómo tratamos a los demás y atendemos a nuestros pacientes. Buscamos crear conciencia sobre nuestro compromiso para crear una cultura de inclusión y continuar aprendiendo y creciendo con el otro.

La diversidad consiste en las características singulares que nos constituyen a cada uno de nosotros, incluidos los puntos que se miden con regularidad como: edad, sexo, origen étnico, nivel de ingresos, estado civil, religión, estado de veterano, estudios previos y ubicación geográfica.

Pero también incluye tantas otras “partes” de cada uno, como la capacidad física, la orientación sexual, la cultura, el origen étnico, el estilo de vida, la nacionalidad, el estado parental, la personalidad, las experiencias personales/laborales, los procesos mentales y el estilo de trabajo.

La inclusión es crear un sentido de pertenencia, de sentirse respetado, valorado y ser considerados por lo que somos como personas mientras se garantiza que todos tengan la oportunidad de participar y aceptar por completo sus puntos fuertes de nuestras diferencias de modo que colectivamente podamos hacer lo posible para alcanzar nuestras metas.

La competencia cultural es la capacidad de los proveedores y las organizaciones de atención médica de comprender y responder de manera eficaz a las necesidades culturales y del habla que presenta el paciente en la cita. La competencia cultural requiere que las organizaciones y su personal: 1) valoren la diversidad; 2) se autoevalúen; 3) administren la dinámica de la diferencia; 4) adquieran e institucionalicen el conocimiento cultural; y 5) se adapten a la diversidad y a los contextos culturales de las personas y comunidades que reciben sus servicios.

La disparidad era el término original utilizado para concentrar la atención en las diferencias de salud y atención médica. Connota las diferencias entre los grupos en la calidad de la atención, que no se deben al acceso, las preferencias o la adecuación de la atención. Ahora la terminología cambia a “equidad”. Es un término que tiene menos connotación de culpa o deficiencia de atención, más connotación de buena salud y atención médica como derecho, y refleja nuestra necesidad de realizar acciones positivas para mejorar los grupos y las personas en su totalidad.

Pero, ¿por qué esto es importante?

  • La Oficina del Censo de los Estados Unidos (U.S. Census Bureau) pronostica que en los siguientes cincuenta años, casi la mitad (48%) de la población nacional provendrá de culturas diferentes a la blanca, no hispánica.
  • En 2030, la gente de color en la población de Delaware aumentará a casi el 28% en comparación con el 23% de 2000.
  • La Comisión Conjunta (Joint Commission) ha desarrollado nuevos estándares que entrarán en vigencia en 2011 para la Atención con Competencia Cultural Centrada en el Paciente (Cultural Competent Patient-Centered Care) y los Servicios Lingüísticos Apropiados (Linguistically Appropriate Services, CLAS).