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Infección urinaria

Una infección urinaria ocurre cuando bacterias contaminan alguna parte del sistema normalmente estéril de órganos y conductos que procesan, almacenan y transportan la orina a través del cuerpo y fuera de este. Las vías urinarias incluyen los riñones, uréteres, vejiga y uretra.

Los tipos más comunes de infección urinaria son la cistitis, que es una infección en la vejiga, y la uretritis, que es una infección en la uretra. Las infecciones de los riñones, denominadas pielonefritis, son menos comunes y mucho más graves.

Las bacterias que causan las infecciones, especialmente la bacteria E. coli, provienen más comúnmente de las vías gastrointestinales. Las infecciones urinarias no se pueden transmitir de una persona a otra.

La infección urinaria se encuentra entre las causas más comunes de visitas al consultorio, particularmente de mujeres. Aproximadamente la mitad de las mujeres tienen al menos una infección urinaria en su vida. Las mujeres tienen nueve veces más probabilidades de contraer infecciones urinarias que los hombres.

La anatomía de la mujer la hace vulnerable a las bacterias que se trasladan del ano a las vías urinarias. Esto sucede simplemente porque la uretra, conducto que transporta la orina de la vejiga fuera del cuerpo de la mujer, es más corta que la del hombre. Las relaciones sexuales, el uso de diafragmas y no limpiarse desde adelante hacia atrás luego de orinar o defecar es un agregado más a esta vulnerabilidad anatómica.

Otros problemas anatómicos pueden hacer que algunas mujeres sean más propensas a las infecciones y a tenerlas repetidamente. Estos problemas incluyen cálculos renales, tumores y atrofia de las vías urinarias (ocasionada por una disminución de estrógeno).

¿Cuáles son los síntomas de la infección urinaria?


Las infecciones urinarias presentan ciertos síntomas clásicos, principalmente relacionados con la inflamación de la vejiga. Es posible que no presente todos los síntomas. Estos incluyen:


  • aumento de la necesidad imperiosa de orinar;

  • aumento en la cantidad de veces que orina;

  • ardor al orinar;

  • dolor que empeora cuando la vejiga está llena;

  • orina con olor fétido o turbia;

  • orina con sangre.


Los síntomas pueden ser leves. Los pacientes mayores que tienen una infección urinaria pueden presentar confusión o un cambio en el estado mental. Se puede presentar fiebre, aunque es poco frecuente, si la infección afecta los riñones.

¿Cómo se diagnostica la infección urinaria?


Un análisis de orina determina si hay una infección, y los resultados se obtienen rápidamente.

Un cultivo de orina implica intentar hacer crecer a las bacterias en una placa de cultivo para determinar cuál es el organismo. Esta información ayuda al médico a decidir qué antibióticos son adecuados para tratar la infección.

A una persona con infecciones urinarias recurrentes se le deberán hacer pruebas diagnósticas más complicadas. Estas pruebas pueden incluir una cistoscopia, en la que se inserta una pequeña cámara en forma de tubo a través de la uretra para observar detalles de la vejiga que son difíciles de ver con una radiografía. La prueba no es dolorosa y dura aproximadamente 5 minutos. El diagnóstico también puede requerir alguna forma de diagnóstico por imágenes de las vías urinarias superiores. Estos pasos adicionales ayudan al médico a determinar si tiene un problema anatómico u otro problema que lo predispone a tener infecciones reiteradas.

¿Cómo se trata la infección urinaria?


Los antibióticos son el pilar del tratamiento. Se pueden comenzar a tomar inmediatamente después de un análisis de orina, aunque el médico puede cambiar el antibiótico después de revisar los resultados del cultivo de orina. Sus antecedentes médicos también afectarán la decisión del médico en cuanto a un antibiótico.

Si tiene infecciones urinarias recurrentes, el tratamiento es más complicado. En primer lugar, el médico tratará la infección existente y minimizará la recurrencia. Luego, el médico intentará identificar y tratar la causa subyacente de las infecciones.